martes, 30 de agosto de 2016

POR QUÉ SEGUIMOS CAZANDO A JACK EL DESTRIPADOR

       
      Por Antonio García Sancho

     La relevancia de Jack el Destripador, por sí sola, ya es motivo suficiente para justificar cualquier entrada sobre Jack el Destripador en un blog como éste y huelga que nos extendamos en la pertinencia de incluirle en nuestros archivos. Sin embargo, hemos de decirlo, tal vez no todo el mundo comprenda por qué hemos decidido dedicar una serie completa al Destripador y no a otro criminal de los que puede leerse en nuestra sección de "Mala Gente". Dudas aceptabes, especialmente si quien las tiene es un recién llegado al mundo de la criminología o se siente atraído por las historias reales de asesinos en serie pero no es conocedor de la historia del crimen y la investigación detectivesca. Sin embargo, para el criminólogo avezado o para el buen seguidor de la historia de la Criminología, la duda se despeja antes incluso de plantearse.
     El personaje del Destripador es fundamental y sobrepasa la simple etiqueta de “asesino en serie”. Otras, como “mito”, “leyenda” o “icono”, contienen una connotación demasiado positiva como para que las utilicemos sin más para referirnos a este sujeto, aunque es difícil sustraerse a ello y debemos convenir que, para bien o para mal, el homicida de Whitechapel es todo eso. Pero es la causa de lo que le ha convertido en todo lo antes citado -y en uno de los mayores retos de la historia de la Criminología y de la enciclopedia del misterio histórico en general-, lo que le hace realmente merecedor de tanta atención.

jueves, 11 de agosto de 2016

La Prevención Comienza en Casa

                                                    Por David Garriga
   
El discurso seductor que utiliza el grupo terrorista DAESH es algo diferente a lo visto hasta ahora. Han sabido concentrar una fantasía y venderla como un producto atrayente que se regenera al ritmo de una bola de nieve, cuanto más logros consiguen estos terroristas, cuantas más armas o más territorio tienen, más personas son atraídas. Y lo triste es que todo este marketing les está funcionado.
En mi opinión son necesarias tres herramientas fundamentales para neutralizar esta captación de jóvenes occidentales: por un lado facilitar una formación a nivel generalizado a toda la población sobre signos de radicalización para una eficaz detección a tiempo y así evitar la caza de brujas, por otro, una contra-narrativa seductora que contra-reste el discurso atrayente de estos asesinos, pero no sólo desde las instituciones estatales y policiales sino también desde espacios más próximos y seguros para el joven. Finalmente unos programas de des-radicalización eficaces y aplicables desde cualquier etapa del proceso de radicalización.

domingo, 7 de agosto de 2016

Sylvia Likens: Torturada hasta la muerte

     
Sylvia Likens
 Por José Manuel Morín

     Piensen en cualquier película de terror que hayan visto y luego imaginen que no se trata de un film sino que es algo que está ocurriendo en la vida real. ¿Les horroriza? Pues estoy convencido que ninguna de esas películas que puedan imaginar supera a lo acontecido en el caso de Sylvia Likens “el caso de abuso físico más terrible del estado de Indiana” según los médicos forenses.
La historia de nuestra triste protagonista arranca en 1949, cuando nació en el seno de una familia humilde formada por sus padres y sus cuatro hermanos, Diana y Daniel, mellizos dos años mayores que ella y Jenny y Benny, también mellizos pero un año menor. La familia vivía de forma humilde, era disfuncional y sus padres, Bertha y Lester Likkens, tendían a discutir con frecuencia, llegando a vivir largas temporadas separados. Precisamente uno de esos momentos en los que la pareja se separó tuvo lugar en 1965, el año en el que empezó la pesadilla de Sylvia. En aquella época Bertha Likkens se mudó a Indianapolis junto a Sylvia y Jennifer y rápidamente entabló amistad con una señora asmática que conoció en la iglesia, madre de seis hijos y que respondía al nombre de Gertrude Baniszewski. La relación de amistad se afianzó rápidamente y cuando Lester le ofreció a Bertha trabajar con él en una feria itinerante esta propuso a Gertrude como la persona encargada del cuidado de Sylvia y Jennifer. Tras conocer a la mujer y el entorno en el que vivía, Bertha y Lester acordaron con Gertrude el pago de veinte dólares a la semana a cambio de que ella cuidara de sus hijas mientras ellos estaban lejos de casa.
La llegada de Sylvia y Jennifer a la casa transcurrió con normalidad durante los primeros días. Gertrude se mostró atenta y afable con las chicas y ellas parecían tener una relación cordial con sus hijos. Sin embargo, un retraso en el pago de los veinte dólares en la primera semana hizo que la pesadilla de Sylvia comenzara.

martes, 2 de agosto de 2016

S.O.S. Internet: Mi hijo/a ha sido víctima de sextorsión

       
      Carolina López Salas ya nos presentó unos consejos destinados a jóvenes y adolescentes que estén siendo víctimas de extorsión sexual a través de las redes o sextorsión. Ahora, nos presenta el complemento necesario para esa información, un artículo destinado a los padres que detectan que su hijo o hija es victima de este delito o a los que su hijo/a pide ayuda confesándole que está siendo víctima de una sextorsión.

      Por Carolina López Salas


     A pesar de todas las buenas prácticas que se puedan poner en marcha para evitar la victimización de los jóvenes en Internet, el riesgo a que nuestros hijos se conviertan en víctimas, ya sea en la red o en la vida real, siempre está ahí, sobre todo ante prácticas peligrosas como el sexting -intercambio voluntario de contenidos (texto, imagen, vídeo) erótico o pornográfico vía teléfono móvil-, siendo una de sus más terribles consecuencias la sextorsión, una extorsión sexual llevada a cabo por personas que poseen material erótico de otra, ya sea mediante el mismo sexting o accediendo a él ilegalmente, para chantajearla posteriormente, solicitándole favores sexuales, económicos o de otra índole a cambio de no hacerlo público, amenaza que llevan a cabo en no pocas ocasiones.
Cuando somos víctimas de un delito, vivimos momentos que no son agradables y, en ocasiones, nos provocan un gran sufrimiento. Jamás desearíamos que nuestros hijos tuvieran que pasar por estas experiencias pero a veces no podemos evitar que cometan errores y/u otras personas les hagan daño pues, no podemos vigilarles 24 horas al día, sobre todo si ya son adolescentes y necesitan tener su propia autonomía, poder tomar sus propias decisiones e ir convirtiéndose en adultos que aprenden de sus propios errores.
En el caso de niños y adolescentes, la victimización se hace más probable, por la vulnerabilidad que implica la falta de experiencia ante situaciones que les proporcionen estrategias de afrontamiento adecuadas y la falsa sensación de seguridad ante el peligro propia de esa etapa y consecuencia directa de dicha inexperiencia.
La sensación de indefensión, vergüenza y culpabilidad pueden ser muy incapacitantes y llevar a la víctima a no querer contar lo sucedido a un adulto (familiar o tutor) ni denunciar los hechos ante las autoridades o hacerlo cuando el delito se ha agravado considerablemente –por ejemplo, cuando se han producido daños físicos- y/o se encuentran psicológicamente muy afectados.
Es por todo esto que se considera de crucial importancia tener algo de información para saber cómo abordar este delicado problema en el caso de que lamentablemente tengamos que enfrentarnos a él.