jueves, 29 de septiembre de 2016

Jack el Destripador (Capítulo 1)


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Mary Ann “Polly” Nichols


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    Antes, esa calle se llamaba Ducking Pond Row, porque al final de la calle, cuando aún o existía la estación de ferrocarril, había un estanque con patos. Pero a la gente no se le puede imponer la manera en la que configuran el mundo y, tal vez por eso, los de Whitechapel, conforme desapareció el estanque y creció la estación, y se prolongaron las vías, y creció la ciudad y nació North Street, por donde se llegaba al cementerio judío, la gente, decíamos, comenzó a abreviar y corromper su nombre y a llamarla Duck’s Row, de donde terminó siendo Buk’s Row. Pero que nadie la busque en las guías de viaje hoy en día. En la actualidad se llama Durward Sreet. Le cambiaron el nombre ese mismo año de 1888, porque todo el mundo asociaba su nombre con el de los sucesos que tuvieron lugar en esa madrugada de verano.
     Bien; pues Buck’s Row era una sucia callejuela separada un metro de la carretera de apenas 20 pies de largo (algo menos de 610 metros) que conecta Brady Street con Baker’s Row (que hoy también ha cambiado su nombre por el de Vallance Road). A la altura del cruce entre los almacenes Essex Wharf y los almacenes Brown and Eagle Wool Warehouse y la factoría Schneider Cap, hay una puerta de entrada a un viejo corral entre un internado (al oeste) y el terraplén de unas casas pertenecientes a la clase más alta de comerciantes. En mitad de la calle también hay un matadero. Todos los días y también algunas noches, invariablemente, pueden verse hombres con delantales salpicados de sangre entre la multitud que se agita en ella. Aquí, una prostituta que se retira ya de madrugada, pero que aún sonríe a los caballeros con los que se cruza –y a los haraganes de los que sospecha que aún les quedan unas monedas en el bolsillo deseando cambiar de dueño-; allá, un comerciante arrastrando un carro cargado de fruta que intentará colocar en el mercado, más cerca, un policía que camina distraído, procurando no escuchar el altercado ocasional que se provoca, de pronto, en una esquina, a causa de un cambio mal dado o de la negativa a darle un poco de tabaco a un viejo desdentado.
     

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Pero usted ¿cómo sabe tanto de mi vida?

     
     
Si nunca te lo habías planteado, este es el momento idóneo para hacerlo.
     Piensa en tu foto principal de cualquiera de esas redes sociales en las que apareces, ¿cómo sales? ¿Sonriente, triste, enfadado, de fiesta, con tus amigos, estudiando, con la familia…? Escogela bien porque en muchas ocasiones la foto de perfil se convierte en la primera impresión, y es tu carta de presentación al mundo.
     Imagínate que conoces a un compañero del colegio, del trabajo o del barrio con el que hablas poco o conoces recientemente, pero al que crees haber causado una buena impresión. En los tiempos que corren, lo más probable es que en cuanto llegue a casa te busque en las redes sociales, y lo primero que verá de ti será tu foto principal ¿Crees que esta foto reforzará la buena impresión que le causaste? O, por el contrario ¿piensas que puede perjudicarte?
No nos damos cuenta, pero nuestras imágenes en las redes sociales también hablan de nosotros. No sólo la foto principal, incluso los ajustes de configuración de privacidad dicen mucho de ti.